Siempre he pensado cuando me atrevo a hacer comentarios, como es sabido y en verdad se remonta a algunos años, y ustedes estimados lectores y lectoras son mis mejores testigos de esa, mi actividad satisfactoria de creer y sentir que estoy aportando algo a mis iguales cuando expongo y plasmo mis pareceres. Pues bien, dichas estas palabras de inicio, debo dar rienda suelta a lo propuesto, sin que ello constituya, lo que exponga, una opinión de un Psicólogo clínico o algo parecido. Necesario sea también hacer la debida aclaratoria porque los que hacemos un oficio de opinador siempre estaremos expuesto a la picota de la crítica. De manera que, soy de los que sostiene que los humanos adolecemos de una de las más grandes fallas, cual es, la de siempre descuidar en forma despiadada y peligrosa aquella actividad del ser humano que, requiere nuestra mayor atención. Que no es otra que el crecimiento tanto personal como colectivo.
De aquí que me propongo, con la interrogante del epígrafe, hoy asomar algunas menudencias situacionales en lo que para mi tiene determinante valor. Siendo mi intención entrar en un tema que piensan y creen algunos, lo que se les viene en gana y a la mente, sosteniendo que, crecer viene desde que nacemos hasta llegar a la mayoría de edad, craso error, tal creencia, cuando crecer por supuesto tiene su inicio desde el momento de la concepción, nacimiento, seguir con ese proceso difícil de adaptación a lo que el medio ambiente nos va deparando y pasar los años de ir estirando nuestro organismo hasta el tope de llegada en lo que a tamaño se refiere. Hasta ahí piensan algunos está hecho el mandado de eso que llaman crecimiento, pues no es ni constituye la realidad la tal aseveración y diría yo, la tal equivocación. Sosteniendo y debo decirlo que, mi intensión es prestar un minúsculo aporte u opinión dirigida en la contribución del aprendizaje que a todos nos interesa. De manera que lo que visualizo sea que, crecimiento conlleva un verdadero proceso en donde debe estar inmersa la atención permanente en la dirección de aportar y contribuir en pro del yo y de los demás, esto es, del colectivo. Siendo así como una primera parada para crecer tenemos que enfrentar y aceptar realidades, donde afrontar hechos, conllevan los mismos, el encuentro de una salida sea la que sea, temprano o posterior; pero con miras a recibir respuesta en la resolución de lo que queremos y, esa respuesta sea satisfactoria evidentemente y porque no cuando tenemos respuesta negativa, el saberla digerir estamos también creciendo, no todo pueda ser favorable y, eso también forma parte de saber crecer. Y en la dirección de sentir un verdadero crecimiento, los humanos debemos sentir que vinimos a este mundo a ser felices y que la vida es bella, cuando el crecimiento significa e implica que nacemos cada día, por lo que estamos constantemente naciendo al hacer lo que hagamos; pero con un sentido provechoso a nosotros y a la humanidad. He venido sosteniendo en todos los escenarios que me ha tocado opinar que, algunos humanos vienen a este mundo divorciados de lo que significa vivir en sociedad, y en ese divorcio, se encuentran con mentes preñadas de odio, rencor visceral, maldad, venganzas, mediocridades, egoísmos, chismes, intrigas e infinidades de alimañas que solo conducen a no vivir, por supuesto que divorciados de lo que produce el mayor crecimiento en los humanos: el amor, porque hasta para amar requerimos saber crecer.
Como corolario, siento que si mantenemos una conducta con los procederes señalados en el párrafo anterior, jamás podremos afirmar que hemos hecho algo por nuestro crecimiento. De forma que, a deponer esos comportamientos y habremos dados pasos hacia el alcance de un sostenido crecimiento que nos traerá satisfacciones personales y familiares inconmensurables a nuestra conciencia. Y con Omar Khayyam, (cito): “El día que pasas sin amar es el más inútil de tu vida. Si has injertado en tu corazón la rosa del amor, tu vida no ha sido inútil”. Comparto y practico a plenitud tal aserto.-






